CREO EN EL ESPIRITU SANTO
Parte II - La comunión de los santos, el perdón de los pecados y la resurrección de la carne
En el cristianismo el
cuerpo está llamado a la santidad, llamado a participar plenamente de la gloria
de Dios. En su carne es donde nos ha salvado Cristo. Su carne crucificada ha sido glorificada.
En ningún momento, en la
memoria de los apóstoles, vendrá la resurrección a borrar la experiencia de la
cruz. La resurrección de la carne manifiesta la seriedad que tiene toda vida
humana para Dios y justifica el combate de la Iglesia por la dignidad de toda
vida humana.
La muerte no es el fin último del cuerpo, porque no es la última
experiencia del hombre. En nombre de la resurrección de Jesucristo creemos en
el compromiso de Dios en la historia humana.
Dios ha querido resucitar en él
esa manera de vivir que se expresó en la encarnación. En la medida en que vivimos
del Espíritu Santo derramado sobre toda carne, afirmamos que Dios no hará para
nosotros otra cosa distinta de la que ya ha realizado para su Hijo.
La comunión o
solidaridad entre los discípulos de
Cristo, el perdón de los pecados y la esperanza de un más allá de resurrección
y de vida eterna son tres experiencias de primer orden que constata el símbolo
de los Apóstoles. Estas experiencias están íntimamente articuladas. La
resurrección significa, en el corazón de la fe, la verdad de nuestra vuelta al
Padre. Aquel que es el origen de todo es también aquel hacia el que caminamos.
Llevados por el movimiento trinitario, el acto de fe nos conduce del Padre al
Padre, recapitulando la autorevelación de Dios.
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El entierro del Conde de Orgaz – El Greco (1586 - 1588) |

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Tríptico de los Siete Sacramentos - Roger van
der Weyden (1445-1450)
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